viernes, 8 de febrero de 2013

Dejo mi vida

Hoy dejo mi vida para iniciar un nuevo proceso, un cambio que durante muchos días quise.
Hoy doy un paso adelante para cumplir con las metas que siempre deseé
No les miento y quiero confesarles, dejo todo en una maleta por un nuevo destino
La tristeza me ha invadido en los últimos días sin duda
Lagrimas que caen lentamente y esperan la calma
Sentimientos encontrados ante una ansiedad que llega a la cima
Un día que será el inicio de mi nueva vida.


jueves, 24 de enero de 2013

La soledad

La soledad es un concepto que comprendo a cabalidad, sin duda, todos mis días en mi casa ubicada en la parte alta de una colina dan fe del significado de la misma. Desde hace quince meses vivo sola, mis compañeros en las noches son aquellas luciérnagas que se hacen presentes con sus sonidos y la vibración de sus alas que escucho con exactitud.

En las mañanas, un gallo a quien llamo Federico, se abalanza por el frente de mi jardín y en la banca que uso para observar los atardeceres me comunica que un nuevo día comienza. Me levanto suavemente de la cama y me dirijo a la cocina a preparar el alimento más importante de la jornada, un acto que siempre realizo.

El silencio me asombra, aunque les confieso que al principio me aterraba. Una noche con una vela encendida, recordaba algunos momentos con mis amigos. Sonreía al ver algunas fotografías que llevé conmigo para vivir esta experiencia. Era mi tercera noche en el lugar, pero yo creía que era una eternidad, no escuchaba absolutamente nada y traté de conciliar el sueño después de que la única iluminación que tenía alrededor agotaba su fuerza.
 
Minutos más tarde me levanté con terror, al principio pensé que era una pesadilla por el panorama en el que me encontraba, medio dormida caminé por la casa. Cada zumbido, aullido o simplemente un ruido lo camuflaba con un gruñido que hacia con la boca, en señal de querer hacerme presente y por supuesto alertar a los inquilinos.
 
Era una lucha ilogica con la naturaleza, pero en ese estado yo no lo entendía. Pasaron los minutos y finalmente empecé a despertarme, en el firmamento el sol me entregaba los primeros rayos del día, escuchaba unos pasos. Logré esconderme, pero el sonido continuaba, aumentaba. Me estaba desesperando, de inmediato recé para concentrarme en la compañía que nunca me abandona.
 
La misma situación se presentó durante los siguientes días, pensé en que no tendría calma para soportarlo y mi intención de dejar la ruidosa ciudad terminaria. Con la tranquilidad agontandose, finalmente llegó la calma después del descubrimiento que me hizo llorar de la risa.
 
Aquellos pasos que aumentaban, y todo el terror que me sembraban en la madrugrada, eran tan solo un grupo de animales que vivían cerca. No lo hubiera notado si uno de ellos no se hiciera presente,  rosando su pelaje con mis piernas, en una jornada donde había decidido dejarlo todo para salir corriendo, apenas el sol apareciera de nuevo en el firmamento. 

martes, 22 de enero de 2013

La bodega

Juan Roberto, abogado y padre de familia, tenía la costumbre de compartir con sus compañeros de trabajo una bebida especial que lo hiciera olvidar los momentos más difíciles de la semana. Junto a él, Alberto, Rigoberto y Fabián lo acompañaban en sus aventuras.

- Cómo está el doctor, gusta un sorbito

Le decía Aldemar al verlo transitar en cercanía a la fachada de su bodega. El tendero aparte de vendedor de confianza, era testigo de todas las batallas que fueron contadas en la mesa de centro de un recinto situado en San Felipe, un barrio ubicado en el centro de la ciudad. 

La historia se repetía siempre. A eso de las cinco de la tarde llegaban el grupito de los cuatro fantásticos a celebrar, relatar anécdotas  a veces gritaban con emoción sus triunfos profesionales, pero en pocas oportunidades las lagrimas tristes eran recibidas en el recinto de Aldemar.

Un día, Aldemar muy extrañado observó una situación fuera de lo común. Pensó detenidamente si debía    limpiar sus gafas con un pañuelo, o si los años serían los responsables de sus alucinaciones. Bebió un sorbo de jugo de frambuesa, y se acercó para comprobar si lo visto era algo real.

 - Juan Roberto y usted solito? preguntó
 - Si, cómo le parece, respondió el cliente frecuente
- Y los muchachos en dónde los ha dejado? consultó con gran curiosidad Aldemar
- Ellos están bien, tranquilo, hoy quiero que me sirva algo diferente. Sírvame un vinito.

Extrañado, el tendero atendió la solicitud de Juan Roberto. De inmediato buscó por todas las repisas el mejor vino de la bodega y se lo sirvió.

- Siéntese conmigo le dijo Juan Roberto
- Por supuesto, contestó el tendero
- Quiero confesarle que demoré algunos minutos tomar esta determinación, en realidad siento que he vivido grandes cosas en este lugar, pero es el momento indicado para decir adiós. Lo entiendo bastante bien, incluso lo consulté con mis amigos, pero de verdad, creo que debo estar en otro lugar, y es algo que duele me entiende? afirmó Juan
- Claro que si, pero porqué no se queda, no tiene nada de malo este sitio, usted viene, toma, se rie, comparte con sus amigos, lo entiendo pero no lo comparto señor. respondió Aldemar
- Cosas del destino, exclamó

Se levantó de la mesa, salió de la bodega y le dijo a su fiel vendedor.
- Dígales que estaré bien.

A manera de introducción

Hace frío, la soledad se acerca lentamente, y mi única herramienta me acompaña en un conteo regresivo. Jamás imaginé que aquel momento llegaría, tal vez, fue un impulso diminuto, minúsculo. Un pensamiento que me atreví a consolidar y hacerlo fuerte como una meta que algún día quise emprender, pero que en realidad no me apersonaba en realizar.

Por un lado, recuerdos y compañía estaban presentes. Cálidos abrazos y besos tocaban la puerta, pero, el tiempo, ese impostor que me seducía, no me dejaba vivir con seguridad esos momentos que ahora deseo. Esos instantes de alegría, felicidad, cargados con tantos minutos que in fragantes hicieron de la suya una gran mezcla de sonrisas con un ser que amo y que finalmente hicieron de las suyas para hacerme olvidar que se acercaba el momento.

Tantas batallas, tantas luchas organizadas con un fin especifico. En algunos periodos nos entendimos, por supuesto, pero en otros, el triste final era una lagrima que caía del rostro fino y suave de una silueta que esperó ser comprendida. Instantes que serán conservados en un imponente cofre que prometo cuidar en mi próximo destino.

Ahora lo recuerdo bien y lo anhelo en realidad. A falta de tan escasos minutos para el inicio de una nueva vida. Como lo dije al empezar este apartado, la ansiedad y expectativa de un hecho lejano, terminó vislumbrando un sendero con un destino grabado al finalizar el camino. Las palabras emotivas pronunciadas en mi cotidianidad, castigaban esa alegría con las que las recitaba. Hoy las palabras son débiles por la sensación de partida, pero serán fuertes gracias a la intención de encontrar la respuesta al interrogante que sin pensarlo anuncié.